miércoles, agosto 25, 2004

El TLC, otro reto para la democracia

Por Alberto Acosta
A punta de un optimismo desbordante, sustentado casi solo en el voluntarismo (o quizás en la complicidad con los designios de Washington o quién sabe si también en la lógica de algún interés particular), la ministra de Comercio y su equipo negociador pretenden que la sociedad acepte como algo casi maravilloso el Tratado de Libre Comercio (TLC). Afilando sus argumentos nos dicen que es ‘hora de abrir los ojos al mundo’, pues para mejorar el nivel de vida necesitamos crecer a un ritmo superior y financiar el desarrollo con recursos externos. Para lograrlo nada mejor que las exportaciones e inversiones. Y en este empeño aparece la apertura comercial, que es mucho más que comercio, como parte de la estrategia que nos debe incorporar al principal mercado mundial, EEUU. El TLC, entonces, es un objetivo primordial que, al decir del Gobierno, compete a todo el país.
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Hoy, agosto 25/04